martes, 1 de junio de 2010

La Equidad de Genero como Justicia Social.

Empezaré diciendo a manera de reflexión que en el caso de la mujer mexicana, hasta hace unas décadas, se le consideraba como un sexo débil carente de derechos con funciones limitadas. Las mujeres de la época eran educadas por las Abuelas y Madres para servir y en tal caso, para ser amas de hogar encargadas de alimentar y educar a los hijos salvaguardando el bienestar familiar; ya que el hombre de la casa llamado así, se convertía en solo un proveedor. Preparadas para la sumisión y subordinación dentro de una cultura de misoginia con funciones limitadas, porque no podían opinar ni siquiera para las finanzas familiares y mucho menos eran tomadas en cuenta para ejercer un voto o ser votadas para los quehaceres políticos. Mucho se les restaba sus capacidades intelectuales y deseos de superación, o la realización de sus sueños, en efecto, eran unas reynas sin corona, siendo objeto algunas de ellas de violación y violencia intrafamiliar obstaculizando y transgrediendo sus libertades y derechos ya no como mujer, sino como ser humano.



Sin embargo, para fortuna de la mujer esa realidad iría evolucionando a favor de todo lo que encierra y conlleva ser mujer. A partir de los años cincuenta aunque existiendo aún el imperio de la virilidad con o sin poder, el sexo débil iniciaría una lucha por que se le tomara en cuenta para ejercer el derecho al voto dando así el inicio de una nueva era en donde la mujer sea revalorada con apego a una legitimidad y derecho; reconociendo todos y cada uno de sus derechos como ser pensante capaz de participar en la política nacional y el bienestar social y económico del país así como en la inclusión de los umbrales del poder.

Si bién¸ aunque todavía falta mucho por hacer por un paìs como el nuestro y por nuestra indiviudalidad, los logros que se han obtenido como género han sido justificados por la entereza y las ganas de que México salga avante en el desarrollo apegado a un estado de derecho coadyuvando en las políticas públicas como tarea social, propias de un país democrático y en vías de desarrollo.

La lucha por la equidad de género no ha terminado y desde entonces, y gracias a la perseverancia por salir del mundo de abandono en el que se encontraba inmersa; mucho ha logrado la mujer mexicana en el terreno de participación social y político. Siendo así un icono importante para el progreso en un camino de rumbo de la modernidad económica, política, social y cultural.

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